Un tesoro escondido en las calles de la ciudad

 

Setenta minutos de ensueño enmarcaron la admiración, la fascinación y la alegría en un día pintado de gris. Carlos Mario Aguirre fundador del grupo teatral El Águila Descalza abrió las puertas de su “baticueva” a alguien que no conocía. El jueves 27 de mayo se me concedió sorpresivamente un encuentro con el señor Carlos Mario, entrar a su casa es una experiencia única e inolvidable; al subir por las escaleras de una largo pasillo es posible tropezarse con uno que otro lienzo, la casa es grande y todo en ella es arte, hasta quien la habita es solo arte, inclusive quien entre en ella puede verse envuelto y seducido por todo lo que allí se encuentra y olvidarse de su propia esencia para donársela a algo que parece irreal. En el estudio los libros apilados en el suelo abren un pequeño espacio por el que se cruza para llegar al interior de la casa, el simple hecho de poder estar ahí, sin haber visto más allá implicaba la satisfacción de conocer algo tan íntimo, explicaciones no encontraba para tal privilegio y el señor Aguirre decía: “Esta es mi casa. Yo no sé por qué te tengo aquí, no porque yo sea un ser especial y aquí no podría llegar nadie sino porque el tenerte acá importa también un poco de vanidad”. Las habitaciones están repletas de libros, pinturas y papeles que nunca serán botados ya que según Carlos Mario nada es basura y todo puede ser un pequeño tesoro. De fondo y como si se tratara de una obra teatral Bach contrastaba con el aire de bohemia que inunda cada rincón del lugar, parecía que las mujeres de sus pinturas danzaban al ritmo de una sonata eterna. 

Desprender al personaje de la persona quizás pueda llegar a confundir, no porque no sea posible sino porque la admiración que despierta la persona tal vez es mayor a la que despierta el artista “Uno de mis propósitos en algún momento de mi vida dejar que mi personaje me abandonara, de no convertirme en un personaje, de no convertirme en un ícono, de no convertirme en un ser inaccesible”  Carlos Mario Aguirre.

La cultura en la ciudad de Medellín no se describe en un texto de cien páginas, tampoco se crea en el imaginario de algún pensador ni mucho menos se construye a partir de inversiones banales. La cultura en la ciudad de Medellín es palpable, se inhala, se dibuja en una sonrisa y se pasea en una mirada perdida en las citas de los libros. Hoy puedo decir que una parte de esa cultura tiene nombre propio y que además de eso uno puede tropezársela cualquier día en un lugar cualquiera y quedar hipnotizado. Hoy puedo decir que conocí a la cultura presentada como Carlos Mario Aguirre y que todo en ella, hasta su más ínfimo recoveco me hipnotizó.

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